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| La tarea de los
líderes |
Carlos Herreros |
La literatura del "management" aumenta cada año, casi en progresión
geométrica, y dentro de ella ocupan el primer lugar los libros, publicaciones,
cursos, seminarios y talleres dedicados a los líderes. |
Se debate si los líderes nacen o se hacen; los psicólogos evolutivos
nos llevan a relacionar las características actuales de los líderes
con las de quienes dirigían a los primeros "homo sapiens"; si liderar
es una ciencia o un arte; si ser líder es o no diferente de ser un
"manager", un directivo; sobre cuáles son o deberían ser sus características,
habilidades y actitudes. Desde la mitad de los años 90, se estudia
y se elabora la "inteligencia emocional" de los líderes y se definen
sus competencias esenciales en función de aquélla. |
A pesar de la confusión que generan tanta información y tantos puntos
de vista, parece que se está logrando un cierto consenso sobre lo
que son algunas características esenciales de los líderes. |
Gestionan e inertizan la toxicidad que produce toda organización humana.
No cabe duda de que en las empresas, como grupos humanos que son,
las relaciones interpersonales y la incertidumbre de los entornos
en los que se trabaja generan tóxicos, situaciones de estrés, heridas
psicológicas normales del trabajo, que tenemos que reconocer como
inevitables;envidias, rivalidades (hace falta una buena "desintoxicación"
para reconocer que los rivales nunca están dentro de la empresa, siempre
están fuera), prepotencias, posiciones narcisistas, persecutorias,etc.
Desde una perspectiva superficial todas estas manifiestaciones pueden
parecer patologías y lo son en alguna medida. Pero desde otra , pueden
verse también como situaciones en las que es posible desarrollar la
creatividad y la mejora de la organización. El líder que sabe gestionar
esta toxicidad y la inertiza, la neutraliza, puede aprovecharla creativamente.
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Se muestran como son, vulnerables como cualquier ser humano. Cuando
un líder muestra sus debilidades se crea una corriente de confianza
y ello ayuda a que sus seguidores se sientan más a gusto, "en el mismo
barco". Si se mostraran perfectos, invulnerables, no necesitarían
a nadie, sus empleados no le ayudarían. Sin embargo, hace falta mucho
coraje, mucha fortaleza para mostrarse así. |
Tienen la capacidad para captar e interpretar datos no numéricos (por
supuesto los numéricos también), poco cuantitativos y muy cualitativos;
leen claves y pistas y sentimientos no expresados. Pueden valorar
si las relaciones interpersonales funcionan o no. Detectan información
sutil y los silencios. Pero ser un sensor también puede crear problemas.
Entre ellos el de "proyectar" sus pensamientos y, con ello, la posibilidad
de distorsionar la verdad. Por poner un ejemplo un poco tosco, un
empleado ve que su jefe está distraído y puede interpretar que su
superior no le tiene en cuenta porque va a despedirle. Es necesario
que lo percibido a través de los sensores se encuadre en la realidad.
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Desgraciadamente, en muchos seminarios actuales se propugna una especie
de empatía infantil en la que hay que "comprender" y "preocuparse"
por los demás. Los líderes auténticos no necesitan que se les hable
así. Saben de sobra que tienen que preocuparse por sus empleados.
Quizá se confunde empatía con simpatía. Ser empático no significa
estar de acuerdo sino más bien entender lo que se dice desde donde
se dice:" Entiendo lo que dices y desde qué posición o supuestos lo
haces".La empatía adulta consiste en dar a las personas lo que necesitan,
no lo que quieren. Cuando se practica, se tienen en cuenta a la vez
tanto las necesidades personales y grupales como la tarea que la empresa
tiene que cumplir. No es fácil atender los dos aspectos, sobre todo
en momentos de dificultades de la empresa. Quienes practican una empatía
adulta son quienes defienden algo valioso y las personas que actúan
así seguramente se muestran mucho más como son y lo que defienden.
No sólo comunicarán autenticidad sino que mostrarán que están haciendo
mucho más que simplemente desempeñar un papel, un "rol". |
Se atreven a ser diferentes. Capitalizan y se apoyan en lo que tienen
de diferentes. Aunque, como ya hemos indicado anteriormente, revelan
sus vulnerabilidades, a la vez han de mostrarse y actuar de forma
diferente a la de los demás, a la de sus seguidores. Es una forma
de que estos últimos sean conscientes de que el líder, aunque es un
ser humano como ellos, tiene un papel insustituible en la organización.
Utilizan su distanciamiento para motivar a otros para que mejoren
sus desempeños. No es que sean maquiavélicos sino que instintivamente
reconocen que los seguidores se esforzarán más si su líder aparece
un poco distante. El peligro es que la diferenciación se extreme y
que se pierda el contacto porque si se distancian en demasía perderán
su capacidad sensora. |
Entienden la complejidad de los procesos estratégicos. En los procesos
estratégicos, que son procesos de cambio, fusiones o escisiones, podemos
encontrarnos con grupos empresariales que, por una parte, odian al
mercado y que, según la elaboración de la empresa, han preferido productos
o servicios de otros competidores a los nuestros. Al tiempo, se dan
cuenta de que tienen que cambiar pero les cuesta porque siempre es
doloroso hacer el duelo de lo que se está yendo. Lo peor es la melancolía,
que enmascara con sentimientos de culpa el odio que tenemos por lo
que se nos muere. Además, lo que se nos muere es "por culpa de los
otros", del mercado pero también de los miembros de la organización
que no han sabido preservar el producto/servicio. |
Si entendemos las empresas como chimeneas funcionales estamos facilitando
la escisión: ellos son los malos, nosotros los buenos. La burocracia
e incluso distintos procedimientos de medición como por ejemplo, algún
modelo de contabilidad de costes, son herramientas que confirman esa
fantasía de escisión. Otra manifestación de este fenómeno es la afirmación
de que "a nosotros nos corresponde pensar y a ellos trabajar". Habría
que recordar que los líderes necesitan seguidores y los seguidores
líderes. |
Desde el punto de vista estratégico, la ansiedad de los directivos
en los procesos de escisión o fusión podría entenderse como un sistema
de alarma, una anticipación de la complejidad que se cierne sobre
la empresa. |
Una de las características de las nuevas organizaciones es su énfasis
en que el "cliente es el rey". Toda la empresa se fundamenta en dar
el mejor servicio al cliente. Incluso algunas empresas se organizan
internamente desde la perspectiva de clientes y de proveedores internos,
sustituyendo esta metáfora por la organización jerárquica. Se concibe
la supervivencia únicamente como la atención al cliente, de sus necesidades
y demandas, de manera más rápida y mejor. Recientemente una gran empresa
organizó un seminario con el equipo de ventas y pasó la películla
"Lo que queda del día" como un ejemplo de la total subordinación de
las necesidades, de la atención a los deseos de los que servimos,
reconociendo toda la autoridad en sus necesidades. Lo que quedaba
del día, o de la vida, era una persona deprimida, desconectada, que
sólo podía vivir en función de otro. |
Dorothy y sus amigos temían al todopoderoso Mago de Oz cuando le visitaron
para que solucionara sus problemas. Sin embargo, casualmente, consiguieron
asustar al Mago, que saltó a través de unas bambalinas y al caerse
estas dejaron al descubierto a un hombrecito que estaba detrás y que
manejaba unos hilos que pendían de palancas. "Estáis equivocados -dijo
el hombrecito con voz mansa- he estado fingiendo; sólo soy un hombre
normal". Y así nuestros amigos se dan cuenta de que el hombrecito
era ventrílocuo y que ello le permitía usar la voz para utilizarla
como un trueno. |
Este momento de conversión personal -cuando una persona sale de detrás
de la ilusión, cuando desaparecen los signos de poder, y cuando se
descubre a un hombre normal- quizá constituya a la vez el sueño y
la pesadilla de los líderes porque están deseando "salir del armario"
en el que ellos mismos y quizá otros les han colocado; el armario
de la omnipotencia, de la invulnerabilidad, de la omnisciencia. |
En un reciente artículo publicado por Harvard Business, Michael Maccoby,
antropólogo y psicoanalista con su propia consultora en Washington,
defiende un narcisismo necesario cuando es "normal" y destructivo
cuando es patológico. A los que están en la normalidad, los llama
narcisistas productivos porque son estrategas creativos y son capaces
de ver los grandes diseños y darle significados a los arriesgados
retos de cambiar el mundo. El peligro es que, por carecer de un auto-conocimiento
y de anclajes limitadores, los narcisistas se convierten en soñadores
irreales. Alimentan grandes proyectos y tienen la fantasía de que
sólo los enemigos o las circunstancias pueden bloquear su éxito. |
Puesto que la mayoría de las empresas están gobernadas por narcisistas,
una de las tareas de esas organizaciones consiste en prevenir la auto-destrucción
de sus líderes o la de la compañía. Necesitan que sus colegas e incluso
terapeutas les permitan liberarse de sus limitaciones. |
Entre sus fortalezas Maccoby destaca la gran visión. La visión es
más necesaria que nunca en la dirección de las empresas; la otra es
la capacidad que tienen para atraer a muchos seguidores. Esto nos
lleva al liderazgo carismático que sirve muy poco al desarrollo de
las personas y de los grupos empresariales, porque estimula tanto
la cercanía y la aproximación de los demás como el aislamiento. Un
líder verdadero, desde su rol, tiene que gestionar estas distancias.
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Entre sus debilidades destaca nuestro autor que son muy sensibles
a la crítica ante lo cual se acorazan frente a sus emociones. El otro
punto débil es que son muy malos oyentes, quizá porque tienen miedo
a ser o sentirse atacados. Carecen de empatía; no les gusta ser asesorados. |
El líder conoce y gestiona para sí y para los demás la inteligencia
emocional. Quizá la palabra jerarquía tiene mala prensa porque la
asociamos con ideas de control y de supresión. Sin embargo, la jerarquía
es necesaria...... , también para facilitar la delegación. |
Delegación y "apoderamiento" de las que se habla mucho y se practica
poco porque, en el fondo, con la delegación el líder es más dependiente
de los seguidores y más vulnerable a los errores de éstos. Pero cuando
los líderes no reconocen e integran su vulnerabilidad transfieren
el centro de su atención del objeto peligroso que genera los riesgos
que experimentan -el entorno competitivo, la incertidumbre estratégica
de la empresa- a las personas que creen que pueden controlar, influenciar.
Sustituyen las personas que creen que pueden controlar por la tecnología
y el mercado que no pueden controlar. |
¿Hasta qué punto se puede controlar de verdad?¿Cuándo hablamos de
controlar o de ser controlados, es cierto?. ¿O se trata de controles
superficiales de cumplimiento o de sometimiento, digamos racionales
o espoleados por el miedo? ¿Desde el punto de vista psicológico quien
es controlado así pierde eficacia, es menos productivo?. ¿Puede ser
pasivo en lugar de activo?. ¿Cuál es ,si existe, la psicología de
la pasividad en el trabajo?. |
Todos sentimos ambigüedad ante la autoridad y generalmente procede
de la relación que hemos tenido durante nuestra infancia con figuras
de autoridad, sobre todo los padres. ¿Cómo se evoluciona -si es que
podemos- desde el resentimiento hacia la gratitud cuando quienes nos
dirigen evocan esas figuras infantiles? Sabemos el impacto que han
tenido y están teniendo los libros de Goleman sobre la inteligencia
emocional. Este autor ha realizado un estudio de competencias en 188
empresas, la mayoría de ellas multinacionales e incluso globales.
Agrupó estas competencias en tres categorías: habilidades técnicas;
habilidades cognitivas como capacidad de razonamiento analítico; y
competencias emocionales tales como la habilidad de trabajar con otros
y la eficacia para liderar los cambios. Su estudio demuestra una alta
correlación entre estas últimas y el éxito de las empresas que dirigen.
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Goleman cita la auto-consciencia, la capacidad de entender y trabajar
con las emociones; la autoregulación, capacidad para controlar y redirigir
impulsos y estados de ánimo;motivación, empatía y habilidades sociales.
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Ni mucho menos pretendemos haber abarcado todas las competencias ,
todas las habilidades, todas las expectativas que se se esperan de
y deben tener los líderes. Sin embargo, sí las meta-competencias,
aquéllas de las que puede emanar un amplio abanico de competencias
necesarias en circunstancias y empresas determinadas. Porque, a fin
de cuentas, el liderazgo como arte y ciencia debe ser situacional:
adaptado a las circunstancias. |
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